miércoles, 28 de diciembre de 2011

UNIFORME COMPLETO


El uniforme escolar, guardapolvo o delantal es una indumentaria peculiar y distintiva, utilizada por el alumnado de algunos centros educativos, que consideran su uso obligatorio.
Su origen está en los centros educativos regentados por órdenes religiosas católicas. Sus responsables decidieron establecer una única indumentaria para los alumnos, con el fin de fomentar la humildad de los niños y no hacer distinciones entre ellos por la variedad y calidad de sus ropas, distintivas de la capacidad económica de las familias. La idea perseguía también hacer más asequible la indumentaria de los escolares, al tratarse de prendas que combinaban la duración con la facilidad y economía de su mantenimiento.
Ese origen marca las características generales de los uniformes escolares, basados en faldas por debajo o a la altura de la rodilla para las niñas y pantalones cortos y largos para los chicos, en función de la edad, camisas o polos lisos, prendas de punto en forma de jersey de pico para los chicos y chaqueta abotonada para las niñas. En algunos casos, ya prácticamente inexistentes, se exigía un tocado para los alumnos en forma de sombrero o gorra. Excepciones de uniformidad en muchos casos eran los zapatos y la prenda de abrigo exterior. Para los primeros solamente se prescribía el color y tipo de horma, siendo libre para la segunda.
En muchas ocasiones, al uniforme escolar de estancia en el colegio hay que añadir la indumentaria deportiva que también se rige por criterios de uniformidad e identificación del centro educativo. En la actualidad, el uniforme escolar está implantado, por lo general, en centros privados hasta niveles de enseñanza obligatoria. Su mantenimiento y objetivos han generado comentarios diversos a lo largo del tiempo, unidos a un rechazo cada vez mayor entre los escolares, generalmente adolescentes, que se ven influídos por los dictados de la moda y el consumismo para oponerse a una vestimenta que les impide llevar la moda y los "íconos" del momento en su vida escolar.
En la República Argentina se impuso en la educación oficial por iniciativa de una maestra, Matilde Filgueiras, quien promovió el uso del "guardapolvo blanco" que se generalizó en 1918 y tornó obligatorio en 1942.


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